Mi experiencia en la CCC (Courmayeur Champex Chamonix)

15 septiembre 2013 en 08:31 | Publicado en Montaña | 2 comentarios
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Por Carmen Castaño

Carmen en la CCC

Carmen en la CCC

Cuando pasan estas cosas y empiezas a verlo todo con perspectiva, te das cuenta de lo grande que es el cuerpo y sobre todo la mente… es cuestión de actitud más que otra cosa:

Duermo muy bien esa noche, estaba agotada de todo el viaje y los trámites previos a la carrera. A las 6:25 salto de la cama, ducha desayuno y vestienta, no sin antes echar un último vistazo y sacar algunas fotos desde el balcón de lo que va a ser mi campo de batalla.

Los autobuses empiezan a llegar desde Chamonix repletos de gente y hacia las 9 menos cuarto estoy en mi puesto… cómo no en el tercer cajón (saldríamos 30 min más tarde que los primeros). La música suena, los cajones van saliendo y nos toca el turno: en ese momento me acuerdo del invierno, la primavera y todo lo que tuve que luchar por conseguir estar ahí… me emociono.

Dan la salida y a mi ritmo con cabeza me doy cuenta de que lo bueno de estar en ese cajón es la cantidad de gente que iba a pasar. En cada uno habían unos 630 corredores ordenados por el tiempo que estimamos a la hora de la inscripción, así que debí salir alrededor de la 1.400. Iba con el grupo delantero y en 45 minutos alcanzamos a la primera corredora del cajón anterior. 5 minutos más adelante lo que nos encontramos fue un atasco monumental. Parados por completo por culpa de gente que habían salido incluso en el primer cajón! De ahí al primer alto ‘caravana’ y avance en fila india.

Paso el primer control con 5 min más de lo estimado y me lanzo cuesta abajo a adelantar a toda la gente que pude. Cómo me prestó! 🙂 Primer avituallamiento y ni paro sigo y sigo adelantando gente y llego al segundo avituallamiento en el que recargo y ‘suelto’ también líquido.

Seguimos en fila india pero como el terreno es más favorable, trotamos así que a buen ritmo llego a la primera barrera horaria con mejor tiempo de lo estimado. No paro tampoco y me dispongo a subir el Grand col de Ferret. Ahí se hizo brecha en el grupo. Empecé a ver a gente sentada por las orillas, algunos muy perjudicados ya. Ahora la gente sí te dejaba pasar y la fila india se empezó a estirar. Me impactó ver no a uno ni dos chicos en los laterales con los ojos llenos de lágrimas, creo que de impotencia porque no parecía que les estuviese doliendo nada en concreto. Abriendo grupo (no se por qué siempre me pasa igual) llego al alto y las condiciones ambientales comienzan a hacerse ver: está soleado pero frío y las ráfagas de aire te dejan completamente helado en dos segundos.

La bajada me la tomo con calma: 21 km de bajada a tope pueden hacer que la posterior subida a Champex sea imposible. Cómoda pero sin pausa voy bajando y me encuentro genial. Llego a la siguiente barrera horaria de la Fouly con mucho mejor tiempo de lo esperado pero el estómago empieza a hacer de las suyas y empieza a decir que más geles y barritas no quiere; ah y de bebida isotónica ni hablamos! Con más cabeza arranco camino de Champex y todo va según los planes. Al haberme tomado la bajada ‘con calma’ cuando llega la subida voy como una moto y paso a un montón de gente bastante rota.

Estoy en el grupo de los 600 primeros al llegar a Champex! Me lo tomo con calma. Nerviosa aún porque se lo que me queda: tres subidas con sus bajadas, la noche y el frío. El estómago se cierra por completo y soy incapaz de comer ni beber. Sólo tragos de agua que me revuelven también pero al menos no me dan nauseas. Vi a gente muy mal ahí: devolviendo, tirados porque no podían más, pies hechos polvo. Me cambio de ropa, rehago la mochila, ‘suelto’ líquido de nuevo y sigo! 40 minutos!! Ay dios!

Llega un falso llano con bajadas y subidas por una pista ya de noche que no quiero hacer corriendo por aquello de la subida que me espera pero pensando que ya había empezado me animo a trotar y cuando me doy cuenta y miro a mi izquierda lo gordo empezaba ahí. Se me vino el mundo encima al ver aquella cuesta que me llevaría a Bovine. Sufrí. Muy muy dura se me hizo. En realidad no era ni mucho menos peor que las anteriores pero me cogió desprevenida a pesar de todo y el cuerpo empezaba a mostrar síntomas de agotamiento. Normal pensaba yo: ni comes ni bebes. Como pude tomé un gel y eché algún que otro sorbo de agua, pero no eran suficientes. Cuando llegué al control había un chico tapado con una manta térmica en el suelo. Me abrigué más aún y me dispuse a acabar la subida para comenzar la bajada (que bien me vino).

Llegué a Trient con tiempo perdido pero con el colchón de tres horas que había llegado a acumular no tenía problemas. Mi cabeza no paraba de pensar en lo que me quedaba y que viendo cómo me fue esa subida qué pasaría en la siguiente y lo que es peor aún, en la última. Seguía sin comer, tenía sueño y frío. Descansé, intenté comer y me abrigué. Esto me vino aún mejor!

La subida siguiente la hice con un grupo que nos fuimos relevando para ‘tirar’ y cuando me di cuenta estaba arriba. Con cabeza de nuevo comencé a bajar y llegué al siguiente avituallamiento con moral y tiempo recuperado. La cabeza empezaba a ver la meta y aunque tenía respeto a la subida que me quedaba empezaba a echar cuentas de las horas que tenía y salvo desastre tenía que salir. No fue tan fácil. Aunque llegué bien, al parar me destemplo. Hacía mucho frío y me encontraba cada vez peor. Me cambio de ropa otra vez, descanso y ahora sí el cuerpo se entona algo y como un poco.

Comienzo la subida con mucha moral. En la primera parte más tendida saco media hora de margen con mi estimación. Las cosas van. Empieza lo gordo y ahí se hace fila otra vez. Parece mentira que a estas alturas de carrera sigamos así. La subida dura dura. La gente se va quedando en las curvas y yo abriendo grupo al final (cómo no) llego a lo más tendido. Allí sopla el viento (como su nombre indica estamos camino de la Tête aux Vents) y empiezo a tener frío. El cuerpo se me destempla pero por las condiciones del terreno no puedo correr mucho así que no me queda más remedio que seguir andando sin parar e intentar comer algo. Llego al control! Madre mía menos tiempo de lo estimado no me lo puedo creer! Ahora sí, mi cabeza vuela. Quedan 12 km con una pequeña subida y todo lo demás bajada y tengo 5 horas! Cabeza, cabeza!

La bajada primera tenía mucha roca y eso a mis rodillas y a esas alturas me mata. Voy dejando pasar a gente y en una de estas me paro en una zona en la que soplaba el viento bastante. No me di cuenta porque fueron segundos pero tuve que pedir ayuda a un corredor que pasaba porque me dio un bajón. Me hizo comer algo y beber. Me dio ánimos para llegar al último avituallamiento: estaba ahí delante! Y seguí! Cuando llegué fui directa a por un caldo: mira que odio la sopa pero dios que bien me supo! Me entonó algo el cuerpo y con las mantas que tenían allí me tapé un ratín. Le volví a dar las gracias al chico y me fui.

Ahora sí! Mucho tiempo, 8 km de bajada y todo bien. El sol comienza a calentar y pongo el piloto de caminar rápido por el monte 🙂 Paso a gente y me pasan algunos que quieren hacer el tramo final a tope. Eso no va conmigo. Mi objetivo sigue fijo en la cabeza: ser finisher, conseguir 3 puntos y conservar el cuerpo para otra paliza antes de fin de año que me de al menos otro punto. Así llego a Chamonix feliz, relajada y disfrutando de esa entrada triunfal y los aplausos de la gente.

Al final de la calle principal me dan la bandera de Asturias y entonces sí encaro el último tramo del circuito corriendo. La gente felicitando, algún Asturias que grande y por fin la meta. Creo que adelanté a un hombre que también llegaba pero sólo tenía la cabeza en ella, vi a mi padre detrás con la cámara y levanté la bandera, corrí, grité y celebramos la victoria conseguida! Qué subidón!

Celebración en Meta

Celebración en Meta

Me encuentro bien. El cuerpo tiene hambre pero sigue sin entrar nada y en esos momentos sólo pienso en descansar. Tumbarme!

Quiero dar las gracias a todos los que me apoyasteis y me animasteis estos meses duros; a los que aún con las pocas posibilidades de éxito estuvisteis ahí y confiasteis en mi tozudez. A todos los que me seguisteis estos días durante la batalla y me empujasteis con vuestros ánimos. Al chico que aunque no se va a enterar, me ayudó en un momento bajo. A mi compañero de entrenos por sufrir los madrugones y aguantar la charla continua. Y muy especialmente a la otra parte de mi ‘equipo’ que nunca dudó (eso creo) de mi persistencia y a mi familia por estar ahí y haber colaborado en poder hacer este sueño realidad.

Espero haber podido aportaros a todos al menos unos momentos de ilusión y arrancaros alguna sonrisa!

Ahora a por la próxima! 😉

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2 comentarios »

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  1. Enhorabuena Carmen. Desde luego, a fuerza de voluntad no te gana nadie.

  2. Enhorabuena con un par de años de retraso!!.

    Aquí otro astur que va pa allá a ver que pasa. Gracias por tu crónica me ayudará mucho a gestionar bien los atascos, por desgracia soy demasiado prudente con los tiempos que propongo en las inscripciones y creo que me tocará salir atrás.


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