GTAP 109 – Gran Trail Aneto Posets

21 agosto 2015 en 10:36 | Publicado en Atletismo | Deja un comentario
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Por Carmen Castaño

Pues sí: ¡GTAP! Esta carrera llevaba en mi cabeza desde que acabé la Travesera hace ya unos años. Como es una prueba que tiene lugar a finales de julio me coincidía demasiado cerca de las pruebas del Mont Blanc por lo que al final siempre seguía acabando en el tintero.

Llegó enero y con él el sorteo ansiado para el Mont Blanc: no hubo suerte… La ultra trail por excelencia me decía que no este año a pesar de tener los puntos y tocó tragar saliva y pensar en nuevos retos. Aparcar esa carrera durante un año más y seguir pensando en conseguir puntos y en disfrutar de la ultradistancia.

Así que como en un cambio de planes inesperado se puede ver un inconveniente o una oportunidad, no pude más que aprovechar lo segundo y decidirme claramente por la prueba que llevaba tiempo queriendo agregar al curriculum. Atenta a la apertura de inscripciones hice todos los trámites y llegado el momento comencé una preparación orientada a esta ultra que nada tiene que ver con otras por su condición de alta montaña.

La gran trail Aneto-Posets es una carrera 109 km de distancia con 7.000 m de desnivel positivo (otros tantos de negativo) y que alcanza por 5 veces cotas de más de 2.500 m de altitud. Con salida y llegada en el pueblo de Benasque discurre por todo tipo de terreno, desde pistas y senderos hasta neveros y caos de bloques que rodean las dos cumbres de mayor altura de los Pirineos: el Aneto (3.404 m) y el Posets (3.375 m). El punto más alto se alcanza cerca del km 80 en el collado de la Forqueta, a casi 2.900 m de altura. Es por tanto una prueba exigente de principio a fin y que no concede demasiados km de ‘enlace’.

GTAP Perfil

Viernes 24: recogida de dorsales por la mañana; buena alimentación y calma durante el resto del día. Se pretendía dormir por la tarde pero el intenso calor seguido de una fuerte tormenta de granizo no facilitó mucho la tarea. Sea como fuere se intentó descansar al máximo antes de empezar los preparativos finales para acercarse a las 00:00 a la salida de la prueba. Respiración profunda, mucha alegría y expectación en una noche bastante calmada en lo que al tiempo se refiere después del ajetreo de los últimos días.

289 temerarios en la línea de salida; entre ellos 14 mujeres. La presión que va subiendo, cuenta atrás con palabras cargadas de emoción por parte del speaker y una recomendación: “sólo alcanzan los sueños los que cuando llega la hora saben estar despiertos”… ¡salida!

GTAP 109 Salida

Como no podía ser de otra manera, salimos a una dándolo todo como si fuésemos a correr una prueba corta. Haciendo valer la experiencia intenté mantener la calma y no lanzarme a pesar de lo que hiciese el resto. La primera parte hasta el km 20 es zona ‘fácil’: carreteras, pistas anchas y senderos no demasiado técnicos. Siempre cuesta arriba. Mucha animación en esa primera parte donde los seguidores tienen acceso. En el último punto posible de contacto estaban mis padres: los saludé, les dije que iba bien y proseguí. Iban a pasar muchas horas hasta que los volviese a ver. Así sin mucho más sobresalto, llegué al primer punto de control: refugio de la Renclusa (km 20) prácticamente clavando el tiempo estimado de 3:15 h. Aprovecho el refugio para abrigarme, cambiar las pilas del frontal, comer y reponer el agua ya que en unas cuantas horas no voy a volver a tenerlo a disposición.

Con todo ello salgo y poco a poco me empiezo a adentrar en otro tipo de terreno cada vez más empinado y donde la niebla hace acto de presencia unida a un orbayo constante que va empapando sin darte cuenta. La noche no es nada fría pero hay una parte de progresión remontando un río que con las piedras resbaladizas se me hace más complicada de lo esperado. Aunque parezca mentira no éramos los únicos locos que estábamos caminando por aquella zona a aquellas horas. Nos encontramos con cuatro escaladores que iban a hacer las aristas que salían del collado de Salenques al que nosotros teníamos que ascender. Con un poco de cachondeo por la situación los fuimos dejando atrás y finalmente llegamos a lo que era la subida propia al collado: bloques de piedra, nevero y cuerda. Un tramo duro que se pilla al principio de la prueba pero que te hace esforzarte al máximo física y mentalmente. Aquí me amaneció.

Este collado está a más de 2.800 metros de altitud y en él estaba el segundo punto de control que se cerraba a las 8:30 de la mañana. Yo pasé por allí justo a las 6:30 pero era media hora más tarde de lo estimado. Algo contrariada porque no esperaba perder tiempo a estas alturas de la carrera me abrigué, comí algo y me dispuse a bajar al valle: una cuerda marcaba el camino pero ya nos habían avisado que no nos debíamos agarrar a ella porque no era segura. Pues como somos un poco torcidos, nada más salir el que iba detrás de mí se agarró y cayó ladera abajo. Quedó colgando de la cuerda y tuvieron que ir a sacarlo de allí. Quedó pálido y decidió ponerse detrás de mí y bajar con calma. En la bajada había piedra suelta, más bloques de piedra y neveros sin peligro. Cuando quise llegar abajo el día ya había entrado con fuerza. Me senté a comer y quitar algo de ropa y comencé la siguiente subida empinada pero nada técnica hasta una zona abierta de piedra caliza con unas vistas al Aneto resplandeciente por el sol y a todo el valle de Salenques con la niebla retrocediendo que me obligaron a sentarme y disfrutar de la estampa. Aproveché para acabar de quitar ropa de abrigo y comer algo más antes de la siguiente subida a 2.700 m.

En el collado había de nuevo neveros y caos de piedras. Algunas muy grandes y tuve que hacer auténticos malabares para poder subir y bajar de ellos. Una chica algo más alta que yo me echó una mano. ¡Qué buen ambiente! Con alegría comencé la bajada en compañía de otro chico con el que fui hablando de pruebas y de Asturias, así que sin enterarme apenas, bajé el collado, subí otro y volví a bajar al siguiente avituallamiento y punto de corte: la presa de Llauset (km 35). La verdad que se me estaban pasando los km solos y volvía a recuperar el tiempo perdido en la subida a Salenques a pesar de haberme sentado a disfrutar del amanecer.

Con buena energía y después de parar lo imprescindible porque hacía mucho viento donde estaba el avituallamiento, comencé la andadura al collado de la Ballibierna. En teoría el último gran punto técnico. Los primeros kilómetros iban picando para arriba pero no se hacían pesados, pero poco a poco y después de sobrepasar el nuevo refugio en construcción, comenzó a complicarse el terreno para acabar con los famosos bloques de piedra. Llegados a este punto los pies y las rodillas empezaban a protestar. Tanto forzar las plantas de los pies, los gemelos y doblar las rodillas empezaba a pasar factura. Volví a coincidir con el chico con el que había bajado del collado anterior y él y su compañero me ayudaron en algunos pasos difíciles, así que coronamos juntos el collado (2.732 m) con la sensación de falta de oxígeno que nos obligaba casi a decidir entre respirar o beber. Foto de recuerdo y ¡empezamos a bajar! En este momento nos pasó el primero de los que hacían la vuelta al Aneto (los 58 primeros kilómetros de nuestra prueba y que habían salido a las 7 de la mañana)… vaya manera de saltar de piedra en piedra y de pasar gente… un auténtico gamo.

Con paciencia tocaba bajar aquel collado y atravesar los valles posteriores llenos de bloques de piedras que ya me hacían hasta perder el equilibrio y me obligaban a escalar en toda regla en alguna pared con la que me encontraba y donde no había gente cerca.

Esta bajada hasta el refugio de Coronas se me hizo muuuuy larga. Pero por fin llegué y con muy buenas sensaciones. Iba en el horario previsto y ahora sólo quedaban unos kilómetros de pista para llegar por primera vez a Benasque. Con mucha ilusión, fuerza y cabeza llegué. Fue una auténtica pasada: estaban entrando los primeros de la carrera corta y estaba el pueblo a rebosar de gente animando y claro me animaban a mí como si fuese uno de los ganadores… en ese momento cualquier dolor o sufrimiento desaparece! Llegada al pabellón de Benasque por fin (km 58,6) a las 16:51… Cuatro minutos antes de lo previsto y con el consiguiente recochineo con mis padres. Abrazos, cambio de ropa, recarga de botes, coca cola fría, aprovecho para ir a un baño decente y a salir de nuevo.

Tocaba una subida ‘gratis’ al pueblo de Cerler para bajar posteriormente a Anciles y Eriste. Subía como una moto y me cruzaba en dirección contraria con los del Maratón que estaban corriendo también a esas horas. Mucha alegría pero todo estaba saliendo demasiado bien y no podía ser… cuando se acabó el tramo de bosque inicial donde había mucha humedad pero sombra, comenzó un tramo de sol expuesto donde no corría el aire y junto con aquellos casi 30 grados que hacía y el agua caliente que nos habían dado en el avituallamiento, me dio una especie de golpe de calor que casi me deja en el sitio. Tuve que aminorar la marcha y hacer lo imposible por llegar a Cerler. Allí con muy malas sensaciones paso el control y me dirijo a una manguera que soltaba agua fresca y donde ya había varios corredores remojándose. Bebo, mojo el cuello, los brazos, la gorra… y salgo cuesta abajo con la promesa de que el siguiente avituallamiento estaba ‘un poco más abajo’. Ese poco resultaron ser varios kilómetros pero a la sombra por lo que fueron llevaderos; llegué a Eriste mucho peor de lo que espera cuando salí de Benasque porque aquel golpe de calor me dejó tocada. Allí era el último punto en el que vería a mis padres hasta el día siguiente. Me lo tomé con calma. Bebí, cambié los playeros y repuse fuerzas para arrancar.

En ese momento la cabeza empieza a pensar de todo. No me estaba encontrando demasiado bien desde la subida a Cerler pero no sabía si aquello sería algo pasajero o iría a más. Como iba completamente sola la cabeza empezaba a hacer de las suyas y tuve que pararme varias veces para no forzar. Estaba alcanzando a un grupo de cinco corredores (una chica y cuatro hombres) que acabaron esperándome y ofreciéndome unirme al grupo para pasar la segunda noche. No me pareció mala idea a pesar de ser algo que nunca había probado. Con ellos llegué al refugio de Ángel Orús (km 75) a eso de las 22:00 h según el horario previsto y con más de dos horas de margen sobre el tiempo de corte.

La noche estaba encima. Había que sacar el frontal, cambiar la ropa y prepararse para lo que quedaba: subida al punto más alto de la prueba. Empezamos la andadura de esa segunda noche en la que sólo puedo decir que a pesar de que algunos tramos fueron duros y otros se hicieron bastante largos, la compañía lo suplió todo y las horas empezaron a pasar solas. Casi sin darme cuenta estábamos en el famoso Collado de la Forqueta a casi 2.900 metros de altura y empezamos a bajar camino del refugio de Biadós. El terreno era bastante inestable y pasamos tres neveros sin peligro pero de tanto mirar al suelo me estaba empezando a marear mucho. Me tuve que tirar en el suelo patas arriba y en ese momento descubrí que la chica era fisio. Me hizo una maniobra para liberar las vértebras en el cuello con la que poco a poco los mareos empezaron a pasar. A partir de ahí, charla, kilómetros, noche estrellada y avituallamientos. Hasta me permití el lujo ya de comer unos sandwiches de nocilla mojados en leche caliente (¡ayyyy que mezclas! Pero entran mejor que cualquier otra cosa). Con mantas y sentados a la luz de las estrellas pasamos ese penúltimo avituallamiento con calma y del mismo modo comenzamos a subir el último collado.

Ahí nos cogió el amanecer de nuevo y nos sentamos los seis antes de alcanzar lo alto del último collado a ver salir el sol. La verdad es que es algo que no habría hecho nunca si hubiese ido sola pero ese ver amanecer junto a corredores que están disfrutando de la carrera igual que tú, es una imagen que espero no borrar de mi cabeza en mucho tiempo y con la que te das cuenta que nada hay más importante que las buenas experiencias en la vida y ésta sin duda estaba siendo una de ellas.

Una vez amanecido, retomamos nuestra andadura, coronamos el collado y comenzamos la bajada final. Terreno resbaladizo de nuevo y senderos infinitos hasta llegar al último avituallamiento en el refugio de Estós (km 97). Nos sentamos al sol, comimos, cambiamos ropa y charlamos.

Carmen en la GTAP

A partir de aquí senderos y pistas en las que íbamos intentando dar todo lo que nos quedaba dentro. Además contábamos con una muy buena guía turística puesto que la chica vivía en Benasque y esa era su zona de entreno habitual.

Ya más cerca de la civilización estaba mi padre esperándome con la cámara y se nos unió al grupo. Una vez en la carretera ¡estaba mi madre también!

Ya estaba hecho: Benasque por fin… todos querían correr y yo no podía con mi tobillo sobrecargado. Nos propusimos entrar juntos y nadie abandonó a nadie. Un verdadero espíritu de equipo que pocas veces se puede disfrutar. A la entrada al pueblo empezamos a correr.

La gente nos vitoreaba y te llevaban en volandas. No había ya dolor, ni cansancio, mi madre a la entrada me cambió los bastones por la bandera de Asturias y a uno de los compañeros le dieron a su hija-bebé. Nos agarramos de las manos, las levantamos, el pueblo nos animaba como si fuéramos héroes y finalmente ¡la alfombra roja! Disfrutamos de aquellos pasos finales como si hubiesen sido los últimos que íbamos a dar, sintiéndolos, sonriendo, pensando en lo vivido… y finalmente el arco de entrada: nos paramos y nos abrazamos. No tiene precio.

Benasque. 109 km. 14.000 metros de desnivel acumulado y 35:11 horas. Un día, dos noches… ¡Finishers! ¡Objetivo conseguido! Fue mi primera experiencia en grupo y me alegro de haber tomado esa decisión. Algo inolvidable que hará muy duro afrontar otra carrera en solitario. Pero como siempre digo, en las ultra trails como en la vida, la clave del éxito está en saber adaptarse a las circunstancias.

GTAP 109 Meta

GTAP 109 Meta

165 finalistas. 10 mujeres. ¡Me alegro de haberos conocido y compartir esta experiencia con vosotros chic@s! Como no podía ser de otra manera tengo que agradecer a mis padres todo el apoyo que me dieron en torno a la carrera y a todas las personas que me animaron y estuvieron pendientes de mí desde la distancia. Muy contenta por lo conseguido; con la satisfacción del trabajo bien hecho y con la sensación de empezar a ser veterana en esto de las ultras (por la variedad de las experiencias)… toca recuperar y ¡buscar nuevos retos!

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